jueves, 24 de julio de 2014

Podemos, invitados del 39º congreso del PSOE

Jesús_Cuadrado

No es política, es física. Si este PSOE se empeña en hacer todo aquello que da la razón a Podemos, los de Iglesias no pararán de crecer. Si los socialistas siguen anclados en su jerga de partido, con sus avales y escenografía de campaña, con sus giros ideológicos, sus movimientos en zigzag, Podemos será cada día más Syriza y el PSOE un poco más Pasok. Es el método Rubalcaba, cuyos resultados ya se han visto y que no desaparecerá mágicamente, con un lifting. Si los que ahora están con Pedro Sánchez y antes estaban con Rubalcaba hacen lo mismo, conseguirán más o menos lo mismo.


Una vez que Podemos está capitalizando el voto de lo que Manuel Castells identifica como propio de una “identidad de resistencia”, de rechazo radical a quienes son identificados como responsables de los males de la crisis, se ha dibujado un escenario político endemoniado para el Partido Socialista. Repartidas las cartas, a este PSOE le han tocado las peores: a más Podemos, menos PSOE, pero más PP. En el PP están actuando en consecuencia y no van a perder la oportunidad de potenciar a un enemigo que les conviene. Hace unos días oí en una tertulia de 13TV cómo un espectador proponía crear una opción desde la derecha que se llamara “Debemos”. Había captado bien el guión. También en el grupo de Iglesias han interpretado correctamente el nuevo marco político y, en un documento reciente, con más retórica que análisis, destaca lo que importa: cuánto más débil sea el PSOE, más crecerá Podemos. ¿Y la reacción de los socialistas? Hasta ahora, método Rubalcaba, zigzag. Un día es giro a la izquierda, porque “Podemos nos roba electores por ese flanco”, otro es alabanzas a las políticas centradas de Valls o Renzi.
Si la única opción viable está en el fortalecimiento del Partido Socialista, no será imitando a Podemos como se conseguirá evitar el desplome, sino recuperando una voz propia para una “identidad constructiva”. Porque, para entender este terremoto electoral, conviene preguntarse quiénes son los votantes de Podemos. No es exclusivo de España, antes, en muchos países de Europa se han producido fenómenos de explosión electoral basados en grupos de electores unidos por una reacción de resistencia a un modelo económico que está en el origen de la crisis, aunque con lenguajes culturales diferentes. Uno de los mejor investigados es el de los Verdaderos Finlandeses, que en 2011 pasó, desde un cuatro por ciento de votos en 2007, a un diecinueve, hasta un nivel similar a Conservadores y Socialdemócratas. En una obra dirigida por Manuel Castells, Después de la Crisis, se analiza una interesantísima investigación basada en cuatro mil electores que describe con gran precisión quiénes forman este colectivo de votantes.
Las coincidencias sociológicas y culturales de los electores de los Verdaderos Finlandeses con las que refleja para los de Podemos el estudio postelectoral de las europeas elaborado por el CIS son llamativamente idénticas. En ambos casos los apoyos electorales están en todas las clases sociales, no son un voto de clases marginalizadas ni de la “clase obrera”. De hecho, ambos son los partidos elegidos por los empresarios, sólo por detrás de los Conservadores finlandeses y del PP español, son preferidos por los gerentes y empleados más cualificados y, de forma muy destacada en el caso de Podemos, por los estudiantes. Y, para que no queden dudas, Podemos, como en el caso de los Verdaderos Finlandeses, es preferido, muy por delante del PSOE, por los que el CIS clasifica como “clase alta/media-alta”. Se trata, pues, de un voto transversal, que se extiende por todo el territorio y por todos los sectores. Aunque pueda sorprender, sobre todo a quienes aplican una gramática del pasado, los Verdaderos Finlandeses, Podemos y muchos de los partidos que han explosionado electoralmente durante la crisis en Europa, tanto en el Sur como en el Norte, tienen electorados similares. Están en contra de las élites gobernantes actuales a las que responsabilizan de las consecuencias de la crisis que ellos no han provocado pero padecen, son contrarios a la marcha de la UE, aunque con posiciones contradictorias en el Norte y en el Sur, y representan la protesta general que no para de crecer contra la globalización en su forma actual, entendida por todos ellos como una ideología a la que combatir. Así, la imagen pública de los Nuevos Finlandeses es la de un partido xenófobo y la de Podemos la de una fuerza anticapitalista, “chavista”, en línea con la trayectoria de sus líderes en ambos casos, pero lo que muestran el estudio citado para Finlandia y el poselectoral del CIS es que en su electorado confluye una protesta amplia frente al fracaso de los sistemas políticos vigentes. Pablo Iglesias, que comprende bien el carácter transversal, y coyuntural, de su electorado, cuando desde el PP le dicen que hable de Cuba, les responde “hablemos de Gürtel”, o de Bankia o de Suiza. “Lee” bien el partido.
En Europa, ¿cómo está respondiendo a este tsunami la Socialdemocracia? En unos casos, sobre todo en el Norte, mediante la Gran Coalición con los Conservadores, como ocurrió en la propia Finlandia o en Alemania, y en otros, especialmente en Italia con Matteo Renzi, redibujando los perfiles reformistas del centro-izquierda con un proyecto autónomo. En mi opinión, teniendo en cuenta el tipo de derecha que representa el PP, el PSOE debería seguir con más atención la experiencia Renzi. En las elecciones generales de 2013, el Movimiento Cinco Estrellas, catalizador allí del voto “de resistencia”, fue el más votado con casi un veintiséis por ciento, frente a un veinticinco del PD, mientras en las europeas, con un discurso radical contra el viejo sistema político, un éxito espectacular frente a los aparatos de su partido en unas primarias abiertas y un plan de reformas creíble, Renzi consiguió un cuarenta y dos por ciento de los votos, frente a un veintiuno del Movimiento Cinco Estrellas, y las encuestas profundizan esta tendencia. Así que, desde esta experiencia, la Socialdemocracia europea también puede decir “sí, se puede”.
Lo que hoy tiene el PSOE, como antes el PD en Italia, atrapado en un círculo político negativo del que no sabe salir, es un problema sistémico. Muchos militantes socialistas podrán seguir obsesionados con la idea de “abandonamos el territorio de la izquierda y por eso nuestro electorado nos deja por Podemos”, pero lo que perciben los electores con este giro voluntarista es que el partido socialista “no sabe qué representa”, que sus posiciones son ambiguas y débiles, que, desastre a desastre, pretende volver a un pasado que ya no existe y, peor aún, que continúa con el zigzag del método Rubalcaba. Lo que los electores castigan es la falta de carácter en los liderazgos, ese lenguaje basado en evasivas para no hablar del atraco a las Cajas, de la justicia bananera, de administraciones públicas corrompidas o de la supresión de las diputaciones. Y con evasivas es imposible construir un discurso convincente. En fin, el PSOE necesita de urgencia recuperar una voz propia, que no se encuentra en ningún giro milagroso ni en gestos de mercadotecnia elaborados en el horno de los mismos asesores que les llevaron al veintitrés por ciento. El liderazgo no consiste en el “debo descubrir adónde va mi pueblo para guiarlo”, sino, incluso, a veces, en adoptar una posición minoritaria entre los electores y convencerles. El giro por el que tendría que apostar este PSOE es por el de un liderazgo capaz de trasladar el centro político hacia la izquierda, nada menos.
En definitiva, en este 39º Congreso, el PSOE tiene dos opciones: o se dedica a una recolocación de cargos públicos y de partido, y continúa con el método Rubalcaba, o recupera una voz propia perdida hace tiempo. Se verá, y lo verán los electores.
(*) Jesús Cuadrado es militante y exdiputado del PSOE

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