martes, 15 de julio de 2014

Susana Díaz al descubierto: triunfa con su delfín Pedro Sánchez, y con el apoyo del aparato del partido… ¿Más de lo mismo?

susana

Muchos militantes socialistas nacen, crecen y se hacen profesionales de la política dentro del propio partido, sin haber vivido ni sufrido la realidad social que dicen conocer, por mucho que su padre haya sido fontanero. Se asemeja a un seminario, o a un convento, en donde los curas y las monjas se aíslan durante años para recibir el adoctrinamiento adecuado, que les hará defender de por vida, y sin complejos, la religión que profesan. El Opus Dei hace lo mismo, pero con otro estilo y finalidad. Pero en el fondo todo es igual o parecido, aunque las intenciones sean distintas.

A sus 40 años de edad Susana Díaz se postula como la líder socialista del futuro, y su mayor mérito ha sido haberse convertido en la presidenta de la comunidad andaluza, pero no en unas urnas y por elección popular, sino por designación de su antecesor, que se vio obligado a dimitir al estar presuntamente implicado en el caso de los ERE, uno de los mayores  casos de corrupción de nuestro país, y que aún está en fase de investigación. Puede que la jueza Alaya se haya extralimitado en sus funciones, pero nadie duda  que Griñán dejó su puesto para descontaminar al gobierno andaluz del proceso penal.
Susana Díaz no sabe idiomas, ni le preocupa; dejó inicialmente su carrera de derecho para medrar en el PSOE, y le es indiferente; nunca ha tenido ninguna profesión que no fuese la política, ni cotizado como trabajadora por cuenta ajena, pero eso carece de relevancia, al menos para ella. En definitiva considera que la política es una profesión rentable y segura, alejada de las inclemencias que sufren actualmente los contratos de trabajo, y no una vocación temporal y con fecha de caducidad. Por lo que su curriculum es incompatible con una  verdadera renovación del partido socialista.
Cuando recientemente decidió no postularse para Secretaría General del PSOE, algunos pensaron que lo hacía por prudencia y al no haber llegado su momento; y muchos la creyeron. Pero nos engañó a todos: en un tiempo récord transformó a Pedro Sánchez en su delfín, y lo convirtió en Secretario General gracias al  apoyo de los militantes andaluces. Su objetivo no era otro que  preparar el terreno para presentarse a las  primarias como candidata socialista a las próximas elecciones generales, con el apoyo del aparato del partido. Y puede que lo consiga.
La renovación de un partido no se hace con caras nuevas y sin arrugas, sino con personas preparadas de verdad que traigan debajo del brazo un nuevo ideario que poner en práctica,  que respete los principios ideológicos del socialismo; y, eso sí,  acompañado de un arrepentimiento profundo y sincero de todos los errores cometidos en los últimos años.
Curiosamente el mismo día  en que se celebraban las elecciones para elegir al nuevo Secretario General del PSOE, Susana Díaz se subía al carro de las descalificaciones, y en un gesto de inmadurez política, aterrorizada por los resultados que dan las encuestas a la nueva formación política, y utilizando similar argumentario al de la derecha más recalcitrante de este país, afirmaba que “Podemos nos llevaría al aislamiento internacional, al corralito y a la inflación venezolana”. No se está enterando de nada: Podemos no es una formación política que alguien se haya inventado porque sí;  surge del descontento, de la traición del partido socialista  a los principios básicos de la izquierda, y de la indignación de muchos españoles, que han comprobado cómo el PSOE se aliaba con el PP  para priorizar el pago de la deuda, a costa de brutales reformas en sanidad, educación y derechos sociales.
La bicefalia en el partido socialista es cuestión de meses. Nada peor en un partido cuando no se sabe quién manda, o cuando quien lo hace de verdad mueve sus hilos entre bambalinas. Le deseo lo mejor a Pedro Sánchez, pero me temo que sucederá lo peor, y tendrá razón Felipe González cuando pronosticó que el triunfador sería un Secretario General efímero, o sin mando de verdad, que para el caso es lo mismo.
Los socialistas deberían de preguntarse quién manda de verdad en el seno de su partido. Porque el hecho de que Pedro Sánchez cambie de criterio y decida modificar la fecha de las primarias cuando aún no habían pasado 24 horas desde su elección, y lo haga tras reunirse con Susana Díaz, dice muy poco en su favor.
Hacer políticas de izquierdas no es pronunciar frases grandilocuentes, sino adquirir compromisos en coherencia con sus convicciones, por lo que sería muy útil ponerles a prueba. Tanto Susana Díaz como Pedro Sánchez han manifestado en público, aunque con la boca pequeña, que estaban disconformes con la modificación del art. 135 de la Constitución, en aquel pacto vergonzante que unió al PSOE y al PP para modificar en 72 horas nuestra Carta Magna, y así permitir que se priorizase el pago de la deuda, aunque fuese a costa de no atender las necesidades básicas de los ciudadanos. ¿Estarían dispuestos a proponer una nueva reforma del art. 135 de la Constitución, para dejarlo como estaba?. ¿No?, pues eso, más de lo mismo. Y que no se extrañen cuando escuchen que PP y PSOE son la misma cosa; se lo han ganado a pulso.

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